Tras una nueva mirada

17/12/20

La mirada es el espejo del alma, donde solo los que saben verla, encuentran por fin la calma. Doy gracias porque desde que inicié este precioso camino estoy aprendido a mirar el mundo con una nueva mirada.

Una mirada honesta y coherente. Fruto de la voluntad firme de haber decidido en un momento difícil, responsabilizarme de mi propia vida y sobre todo cuestionarme mis diálogos mentales. ¿Qué quiero, tener razón o ser feliz? Un proceso en el que he aprendido a dejar de tomar decisiones aprendidas. A decidir en un estado de confianza, de tranquilidad y de paz mental. La solución solo se ve en estado de claridad, llega por sí misma y se reconoce. ¿Y sino, que es lo peor que puede pasar? Siempre podremos pararnos y elegir de nuevo, ¿no?

Sólo nuestros límites y creencias mentales nos encadenan y condicionan.

La vida se vive viviendo, probando, experimentando. ¿Cómo sabré si me gustan o no los cakis? pues probándolos. Dándoles una oportunidad. Dándotela a ti misma. Entonces, ¿Cómo sé si quiero vivir de otra manera? La fórmula y la teoría es fácil; siendo honesto y coherente contigo mismo, con lo que piensas, sientes, dices y haces. Todo debería estar en la misma línea. Pero no hace falta que esa línea sea recta, estricta y sin ondulaciones. Para encontrar nuestra sintonía deberíamos aprender a vivir, como parte del crecimiento y en positivo, las curvas en el camino, los baches, las zonas oscuras, las encrucijadas. Y nunca negar nuestra verdad, porque entonces negaríamos nuestra sombra, y no hay luz sin sombra.

La historia de la relación humana y las creencias han ido siempre de la mano. Así que yo me pregunto, ¿hasta qué punto estamos preparados para soltar la negatividad, el drama o el victimismo? Las hemos creado con tanta convicción a través de los siglos, que quizás necesitemos de una pandemia para obligarnos a soltarlas. ¿Qué más hace falta para despertar al ser humano? La naturaleza está despierta, este planeta está despierto, el cielo, la tierra, la galaxia están despiertos. Recordar que todo es cíclico, todo nace y todo muere. Tenemos una enorme conciencia sobre la vida y una enorme inconciencia sobre la muerte. Qué belleza sería vivir la muerte en vida para que cuando el cuerpo físico fallezca, podamos estar en calma y celebrar haber vivido a través de una nueva mirada. 

Por Cristina Arroyo

Dietista y naturópata

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